Bale sale del vehículo. Se estira. Abre el maletero y saca el poco
equipaje que lleva. Le saludamos. No nos niega el saludo. Nos
preguntamos si nos ha reconocido (en realidad estamos seguros), después
de tantos ratos de espera en su casa de Londres, en la de Cardiff y en
el centro de entrenamiento del Tottenham, en los que le vimos pasar con
el coche sin que quisiera abrir la ventanilla para atendernos, incluso
cuando insistimos con tanta vehemencia señalando el logotipo de AS de la
bolsa con varios periódicos en los que él era portada, una bolsa que
siempre nos acompañó y con la que quisimos que nos identificara...Le hablamos: "¿Sabes quién soy?". Sigue con la lección bien aprendida. No responde. Seguimos: "Soy el hombre de la bolsa". El chiste sacó por un segundo a Bale de su papel de chico inmutable y soltó una carcajada mientras miraba la bolsa... Por fin hay una foto suya sonriendo... Le acompañamos hasta la puerta del hotel con una ráfaga de preguntas: "¿Cómo estás? ¿Es un momento difícil? ¿Vas a jugar con Gales?...". No hay respuesta. Y concluimos: "¿No es el momento de hablar, verdad?". Y por fin abre la boca: "Lo siento mucho, de verdad. No es momento de hablar", dice asintiendo.
Por la tarde Bale saltó con el equipo a entrenar en las instalaciones de Dragon Park, como estaba previsto, pero separado del resto. Salió con las botas en la mano. Tras calentar se las probó. Parece que el problema en el pie le incomoda. Tras 40 minutos de trabajo se retiró. Poco después salió precipitadamente para el hotel escondido en una furgoneta. No jugará ante Irlanda, pero se queda...